En el cultivo en invernadero de Arizona, la clave del éxito era la gestión del microclima. Instalamos sensores digitales para medir la temperatura del suelo, la humedad y la intensidad de la luz. Esto nos permitió crear un mapa detallado del invernadero y ajustar con precisión el riego y la ventilación en distintas zonas.
Antes, algunas zonas mostraban un crecimiento retardado. Ahora, gracias a los datos de los sensores, hemos estabilizado el microclima y la producción ha aumentado un 17%. Las frutas son más uniformes y la calidad del sabor ha mejorado.
Según Frontiers in Horticulture, la supervisión del microclima en varias zonas favorece una actividad fotosintética óptima en las plantas y reduce el estrés causado por el sobrecalentamiento local o la falta de luz (Frontiers, 2023).
Esto ya no es solo un sensor: es la base de la agricultura de precisión de próxima generación.